domingo

UN POEMA DE JOSÉ ÁNGEL VALENTE


EL FUNERAL

Vi al bueno, al falaz, al justo, al turbio,
al simplemente entristecido
por la ocasión, la cera, el Dies irae,
al facundo, al opaco, al transparente,
al sordo, al que llegaba
desde mi propia infancia a ofrecerme una imagen
de lo que fui cuando el que había muerto
en sus manos entera contenía mi vida.

Vi al sagaz, al cortés, al mezquino de ayuda,
al que acaso le hiriera más a fondo que nadie,
pagando ahora al vacío sin mayor perjuicio,
como piden los usos entre tales,
lo que nunca dio al hombre.

(No importa. Óyeme. Tú,
dondequiera que estés, estás más vivo).

El incienso eficaz interpuso una leve
cortinilla de humo y olor agrio.
Siguieron rituales las salmodias,
el saeculum per ignem, el túmulo severo,
la presidencia familiar a un lado
del lagrimal derecho de las tristes señoras.

Mas también vi entre todos
al que lo había amado.
(Sólo entonces se alzó, segura y mía,
en su dolor tu imagen).
                                      La asamblea,
devota o indiferente o enternecida,
circunspecta y simbólica,
se deshizo en saludos.
(El luctuoso cielo provincial cubría
fragmentos de niñez y de otras vidas
puras como la tuya).

Perdona, padre mío, si no asocio,
como tal vez debiera,
mi llanto personal a lo narrado.

Del libro La memoria y los signos

martes

DIBUJO INFANTIL


Un generoso espacio en blanco une o separa, según se mire, un prado azul (atravesado por un camino rojo que conduce a una casa rosa en cuyas inmediaciones hay una niña y un perro, color carne los dos) y un cielo verde, presidido por una flor amarilla -¿crisantemo, rosa, narciso?- que debe de ser el sol. Nada me ha explicado el pequeño autor de la obra, pero yo creo que el prado está pintado de azul y el cielo de verde porque un escarabajo y una nube han hecho un trueque de colores, y si el sol se representa como una flor se debe a que la realidad mágica es siempre superior a la evidente. Levanto la vista del papel y apenas hallo más que gris y negro invernal. Es como si el color vivo estuviera hibernando todo en el dibujo. 

jueves

NUNCA SE SABE


Llamó el entusiasmo a mi puerta y me hice de rogar. Se fue en busca de otro y se lo llevó de viaje, en jet privado, a las Islas Fiji.

Llamó el entusiasmo a mi puerta y me dejé llevar. Fui a parar a un carro de barrendero, barrido por una enorme escoba.

Llamó el entusiasmo a mi puerta y me resistí. Me llevó a la fuerza, anulando mi voluntad. Y heme aquí, acostado como un romano, copa de vino y racimo de uvas, junto al fuego del que este mundo es humo.

martes

DEBATE LÍRICO


No importa si es verdad o me lo invento: ahora mismo, en algún lugar de ese heterogéneo repertorio de posibilidades que llamamos mundo, un pájaro canta en un árbol. ¿Qué pájaro? ¿En qué árbol? Eso es lo de menos. El quid es que ala y raíz, canto y silencio, se juntan y conjuntan un instante. Cinco observadores líricos, detenidos en ese lugar, debaten sobre tan trillado pero inagotable asunto.
"Parece que canta todo el árbol", dice el observador número 1.
"Eso es porque el pájaro es un gran ventrílocuo", le responde ramonista el número 2.
El 3, muy serio, discrepa abiertamente con los anteriores: "Lo que aquí se revela es que en el fondo no hay árbol. Hay un pájaro en otro. Todo está en vuelo".
El 2, incrédulo, sugiere al 3 que tome tierra: "Aquí no se revela nada. Sólo hay un pájaro cantando en un árbol. Para qué darle más vueltas. Es fascinante tal cual".
El 4 aporta, premítico, una visión muy otra que ninguno toma demasiado en cuenta: "El pájaro está pregonando la más profunda, ancestral sensación del árbol, expresable únicamente a través de la música".
El 1 interviene de nuevo, tan comunicativo y sincero como nada sentencioso: "No sé. A mí me da la impresión de que el árbol se está haciendo, de algún modo, responsable del pájaro. Un poco como si fuera, si queréis, su hermano mayor".
El 5, que estaba como en Babia, se manifiesta de pronto convencido y exultante: "¡Lo tengo! Pájaro y árbol desaparecen en el canto, en lo único que existe en este momento".
"¡Acabáramos!", exclama irónico el 2.
El pájaro se calla de repente y el silencio que deja, lleno de vida, origina un nuevo debate. Pero eso es otra historia.

domingo

MAÑANA DEL 1 DE ENERO


Pienso dulcemente en si habrá alguna diferencia esencial entre esta mañana y la manzana fresca que muerdo. Nada concluyo. El susodicho pensamiento se disuelve en el fragmento de cielo que muestra la ventana, como una nubecilla más, mientras el dueño del after hour de abajo celebra haber producido más borrachos y drogotas que nunca y el edificio ensaya caras largas. El perro me mira fijamente: me he entretenido viendo un sainete que ni Cervantes -han llamado a la policía- y necesita pasear. Pasearemos, hermano. Pasearemos todo el año, toda la vida. El sol se deja ver y nosotros dejaremos que abra -puertas nada misteriosas, pero con cierto encanto- nuestras sombras. Sí: nosotros pasearemos dentro de la luz. Con paso firme y decidido. Como si al final del paseo nos esperara (quizá nos espere) un plato de jamón.