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FRAGMENTO DE UN SUEÑO IRÓNICO


[...] ser un poeta del montón, escribir sólo poemas mediocres, que ningún envidioso te haga la cama; nada de crecer ni evolucionar: mantener, verso a verso, una línea de corrección gris sin momento memorable alguno; no ir por libre, ser un discípulo obediente, buscar aliados de tu nivel, carecer de arrestos para soportar la soledad del corredor de fondo; echarle muchísimo morro, impartir talleres de poesía sin saber qué es la esticomitia; ganar el Loewe, el Ciudad de Melilla y el Manuel Alcántara, los tres en el mismo año, y luego decir, en entrevista a toda página, que la poesía es pobre; mudarse a Madrid y hacerse reseñista, conferenciante, gestor cultural, tertuliano: no dar jamás un palo al agua; ir cediendo a la imbecilidad, volverse un vanidoso, un inconsciente [...]


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