domingo

PRINCIPIOS DE OTOÑO (PLAQUETTE INÉDITA)


EVOCACIÓN

Cachorro grande y bueno,
el calor de aquel verano
jugaba sin medir su fuerza:
a todos daba su amor
sin reservas ni requisitos,
sobre cualquiera brincaba
encantadoramente torpe.
Algunos sentíamos vergüenza
de anhelar el regreso del otoño.


DISCURSO BREVE

La mañana me ha nombrado ayudante de la lluvia. Pero no esperen que me ponga a llover: sólo es un verso que se me acaba de ocurrir. Qué quieren que yo les diga. Ustedes ya saben cuanto se puede saber de poesía. Lo que no saben es que me despertó un relámpago. Su luz iluminó mi cueva de ocho horas y, ya en el exterior, garabateo, a ratos perdidos, en el lienzo del sueño que olvidé en ese momento. De repente la realidad, esplendorosa Marilyn, jamás cadáver, posa para mí que pintar no sé. No obstante, tengo la esperanza de aprender del sol y de la luna. Porque nosotros todos tenemos una esperanza. Hasta los suicidas tienen la suya, y acaso la mayor que pueda tenerse, pues comprobado está que en ocasiones al ego le sienta mejor morir que merendar. Entonces la vida es dulce, dulce, dulce como una oveja que las manos acarician solas. ¿Pero a santo de qué, preguntarán, a santo de qué viene todo esto? Sinceramente, lo ignoro. Mis huellas, precediendo a mis pisadas, me han traído hasta aquí por un sendero que nunca antes había hollado. Y una cosa lleva a la otra y, al final, todas las cosas son la misma.


VISITA

El canto de los pájaros entra por mi ventana como un muchacho que se confunde de apartamento al intentar colarse en el cuarto de su novia secreta sin que los padres de ella se enteren. No habla mi idioma, pero se hace entender con gestos. Pillo que se queda unos minutos como muestra de amistad.


SUCESO SINGULAR

A veces, cuando pienso, convencido,
tener algo importante que decir,
no hallo las palabras
y enmudezco.
                        Y sin embargo hoy,
hoy que nada especial quiero decir,
no he dejado de hablar ni un solo instante.
Del dormitorio a la nevera,
de la nevera a la salita,
de la salita al hall,
las palabras me asedian y me cuentan
de sus cosas, y yo que las pronuncio
tan sólo soy testigo vacilante,
incapaz de cerrar la boca ante su empuje.
Fracasada en su intento de sellarla
con pañuelos y apósitos,
mi amiga se ha escapado al mercadillo
aburrida de mí.
Y allí le contará el caso a su prima
-una emisora provinciana-
y pronto se sabrá en el mundo entero.
Entretanto,
mientras esto persista,
lo mejor será hacerme pequeño como un duende
y buscar ya escondite en algún cuento.


DICHA DE AMOR

¡Qué dicha grande la de estar en esta
casa que se me entrega, cual amante solícita,
con todos sus enseres!
¡Y qué dicha sentir, fuera de ella,
que jamás he salido, que es la vida mi casa
y que es uno la vida!


BENDICIONES

Estuve un rato fuera de mi nombre
-un nombre que no es más que un envoltorio-
y vi que ocupa el resto de los nombres
la misma vacuidad que habita en él.

Pero ahora que he vuelto
debo llamar al pan pan y al vino vino.
¿Cómo si no se entendería,
bendiciendo la mesa,
que nos comemos y bebemos
a nosotros mismos?


ESCENA DE INTERIOR

Genuinamente
la tarde le sonríe,
llena el cuarto de luz,
le facilita la labor
ahora que cose, luminosa también,
sentada junto a la ventana.

Llama a la puerta el pensamiento,
tantas veces oscuro vendedor
de vaguedades.
                          Abro y digo
no, gracias, buenas tardes.
Y cierro con la grata sensación
de que todo, pese a todo, es como debe ser.


ESTRIBILLO DEL CAMINO

Hambre y pan, tierra y cielo, piedra y carne,
todo se igualará de un tajo limpio y seco
el día que lleguemos a la nada
y ya no haya sufrimiento.


POEMA MEDITATIVO

Hace bien al espíritu
contemplar la puesta del sol
en silencio y soledad,
o en sosegada compañía.
Es, a veces,
como si lo condujera a casa
tras haberse perdido, borracho
de tanto trajín, mental y físico.
Y los ojos, que quizá andaban
algo descolocados, de nuevo acogen
en puro entendimiento; no sólo los sedantes
colores del cielo: también
el escarabajo, la mala hierba, la hormiga,
lo que menos gracia aparenta,
lo que eliminamos
del jardín. Porque entonces
es la belleza misma, y no nosotros,
quien desde ellos mira, quien se ve reflejada,
quien se acepta cual somos...


NOCHE DE OCTUBRE

Sus ojos, que son bien capaces de ser simplemente ojos, pero que son jueces sin plaza, dictaminaron que el maravilloso poema en cuestión es obra mía. No quisieron creer que me lo encontré, que mágicamente surgió, que yo sólo lo pulí, que si fuera obra mía no sería tan maravilloso como afirman. Me han tomado por un fabricante: no entienden que escribiendo soy un campesino pobre recogiendo setas. Y ahora me tienen preso y me golpean en la cabeza, lo más fuerte de mí, con palabras necias como estacas. Porque un poema maravilloso, según la ley que aplican, es algo que sin duda merece tal condena. Pero no es que ellos sean los malos ni que uno sea la víctima. Sencillamente es una historia triste, como hay tantas. Qué se le va a hacer. Yo estoy tranquilo. Ya he pasado por esta situación y con mi tristeza de calcetín roto me fugaré de nuevo, me estoy fugando, ya me fugué, reparando en el canto de ese grillo, en el latido acompasado de esta noche.


NOTAS

Suceso singular me figuro que es una especie de broma metapoética, pero juro que yo no quería bromear: como suele ocurrir, no sabía muy bien qué estaba haciendo al escribirlo. Me gustaría dedicárselo a alguna persona dicharachera y divertida, aunque no va a poder ser porque últimamente no soporto que un poema lleve dedicatoria. Y Poema meditativo floreció tras la gozosa lectura de Los dones del otoño, del excelente poeta y amigo José Cereijo -de quien adopta alguna de sus inflexiones características-, y justo es que aquí se reconozca.

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