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lunes

AIRE


El aire, según la RAE, es el gas que constituye la atmósfera terrestre, formado principalmente de oxígeno y nitrógeno, y con otros componentes como el dióxido de carbono y el vapor de agua. Y según las palabras que aprovecho -pues me sirven, y puedo- de un poema recientemente escrito:

Es un amor indudable
que no es verdad ni mentira,
que simplemente es amor,
que no se sabe qué es.

De las dos definiciones, yo creo que prefiero la primera: me fascina la extrañeza que produce, o que es capaz de producir, el anodino lenguaje de la engañosa objetividad. Pero las dos dicen aire, y con palabras que son aire, precisamente aire, desde el mismo momento en que alguien las pronuncia.

domingo

POR FIN PUEDO DECIR QUE YA NO CONCEDO ENTREVISTAS


-Abordemos ahora, si te parece, para acabar con esta ronda de entrevistas, el tema de la esperanza.
-¿Podré entonces decir, siendo cierto de una vez por todas, que ya no concedo entrevistas?
-Sí. ¿Es bueno tener esperanza? ¿Qué opinas?
-No es que sea bueno ni malo. Es que la esperanza es como la señora del lugar. Sin esperanza no moveríamos un dedo. Con eso te lo digo todo. Hasta los suicidas actúan con una esperanza: la de desaparecer.
-¿Y el "sin esperanza, con convencimiento" de Ángel González?  ¿Cómo lo explicas?
-No hay nada que explicar. Imagino que Ángel González, que fue un poeta maravilloso, se refería a una falta de esperanza en un cambio de tipo social y político. Pero él no podría haber escrito ni un solo poema sin esperanza. Los escribía con la esperanza de que fueran buenos. De lo contrario, no habría escrito muchos de los que escribió. Hacen falta grandes dosis de esperanza y de convencimiento, carácter, en suma, para llegar a realizarse como poeta. Todo lo hacemos con esperanza, no lo podemos evitar. 
-Entonces, ¿te declaras partidario de la esperanza?
-Inevitable y absolutamente partidario. Con la esperanza se llega siempre mucho más lejos, aunque en verdad no tengamos que llegar a ningún sitio más que a éste. Sí, cuanto más grande sea la esperanza, más lejos podemos llegar. El batacazo también puede ser enorme, pero de los batacazos enormes salimos fortalecidos. ¡Y es tan hermoso aventurarse, atreverse, arriesgar...! Sí: no sólo soy partidario de la esperanza, sino que animo a tener grandes esperanzas. No únicamente esperanzas modestas y razonables: esperanzas grandes y locas también. Una de las características que nos diferencian de otros seres vivos es que podemos soñar despiertos. No obstante, más allá de los deseos concretos, entiendo la esperanza como una postura del corazón, una manera de entender la vida. Pero vete a un retiro espiritual con uno de esos gurús que hablan de oídas, según las enseñanzas de algún yogui idolatrado, que te contará otra cosa. Eso sí, te cobrará, pues no con otra esperanza se le ocurre organizar retiros espirituales.
-¿Y los que repiten continuamente "sin miedo ni esperanza"? ¿No te parece una postura igualmente razonable?
-Uno de mis poemas más recientes dice que esos aplicados discípulos de Cicerón repiten ese mantra con la esperanza de volverse valerosos o tener menos miedo. O sea, que, negando la esperanza, la afirman. Lo respeto, pero yo prefiero decir un sí antes que un no que signifique sí. 
-Pero la esperanza puede conllevar una frustración constante...
-Si conlleva una frustración constante es porque esperas algo de la esperanza. Supongo que el secreto es tener esperanzas sin esperar otra cosa que seguir teniendo una esperanza, una ilusión. Que, cuando una esperanza se te desmorone, pueda haber otra. Ya la vida se encargará de decirte cuál era la esperanza que tenía algún sentido.
-¿No tienes duda de esto?
-No, puesto que negando la esperanza negamos nuestra tendencia natural a querer superarnos o que algo bueno nos suceda. Y afirmándola no negamos la actitud de aceptación que también necesitamos. Necesitamos de las dos, esperanza y aceptación, para estar completos.
-¿Y de qué dudas? ¿Dudas de algo?
-Dudo mucho corrigiendo versos. Dudo al rellenar la quiniela. Dudo también a la hora de elegir champú. Dudo continuamente, como todos, pero de la esperanza no me cabe duda. Porque corrigiendo versos dudo con la esperanza de mejorarlos, rellenando la quiniela dudo con la esperanza de acertar, y a la hora de elegir champú dudo con la esperanza de que se vuelva más dócil mi magnífico pelazo de estropajo.
-La duda, hoy día, tiene gran prestigio intelectual.
-Me parece muy bien. La duda es utilísima, pero si no llegas al punto de dudar del que duda, si te tomas muy en serio todo lo que piensa ése, puede ser de lo más tenebrosa. 
-¿Escribes sin dudas?
-No siempre. A veces la duda supone una especie de acicate creativo. Pero no temo que la duda me abandone, no me abrazo a ella como si no hubiera otro pretexto para escribir.
-Muchas gracias. Esta ronda de entrevistas acaba aquí.
-No hay de qué. Un abrazo.

sábado

NO SIGAS: YA NO CONCEDO ENTREVISTAS


-Sigamos hablando del poema. Por lo que me comentabas ayer, para ti existe la inspiración.
-Claro que existe, cómo no va a existir, sin inspiración no hay poema.
-¿Puedes desarrollar un poco el asunto? ¿Qué es para ti la inspiración?
-No sé si tengo una idea muy original al respecto. La inspiración es el impulso creativo, simplemente. Sin ese impulso el poema nace cojo. Te puedes inspirar en la lectura, en una nube, en una taza de café, en cualquier cosa. Sí, toda obra de arte perdurable tiene su origen en la inspiración. Quien esté convencido de que todo es mérito del oficio demuestra la peor de las ingenuidades. O se ha creído el cuento del antropocentrismo o se ha dejado confundir por la vanidad. Pero no sigas: ya no concedo entrevistas.
-Entonces, si te pones a escribir al buen tuntún y de camino encuentras el poema, ¿también se debe a la inspiración?
-Por supuesto. Además, en eso consiste a veces el acto de escribir un poema, en ir un poco al vuelo del ya veremos dejando que la intuición te guíe, sin saber cuál será el último verso o la última línea. Partiendo de que todo viene del exterior, de que tenemos ojos y oídos abiertos al exterior, es imposible no estar influenciado, no depender totalmente de la inspiración. Y si eres sordociego también: te inspirarían el silencio y la oscuridad que te rodean.
-¿Y eso no es angustioso?
-¿Angustioso? ¿Por qué iba a serlo?
-No sé, depender totalmente de la inspiración, ese estar a la expectativa...
-No, no es eso, no estás a la expectativa. Angustioso sería depender totalmente de uno mismo. A ver a qué mago se le habría ocurrido sacar una paloma de una chistera sin haberse inspirado antes en una paloma y en una chistera. El mago sólo tuvo que asociar la paloma a la chistera, pero gracias a la existencia de esos dos seres. Aunque el poeta no es un mago, el ejemplo sirve para entendernos.
-La inspiración es otra idea romántica...
-No: la inspiración, tal cual uno la concibe, es una idea realista. Realista, ojo: no del realismo. Hay gente para la que creer en la inspiración es no tener los pies en el suelo, cuando en verdad es justamente lo contrario. La realidad es mucho más sutil de lo que parece a simple vista. Yo creo en la inspiración y en el trabajo, en las dos cosas a la vez. No separo la una del otro porque a menudo se necesitan mutuamente. Pero creo sobre todo en ponerse a trabajar el poema a partir de la inspiración. La experiencia me dice que los poemas más auténticos surgen de ahí. 
-¿Y qué escribes cuando no estás inspirado? Si es que escribes.
-Escribo, pero no son poemas lo que escribo. Escribo pensamientos, diálogos, textos inclasificables que a lo mejor llevo al blog o se quedan en la libreta. Como por matar el gusanillo.
-¿No te tientan la novela o el relato?
-Al menos de momento no. Es otra dinámica que a día de hoy me da mucha pereza. Requeriría una disciplina a la que no estoy acostumbrado. Sobre todo la novela. Aunque a veces se me ocurren, y los apunto, títulos de novelas que seguramente nunca escribiré. Sí me llama algo más la atención el teatro. Además, tengo más facilidad para el diálogo que para la narración. Pero me falta motivación para ello. Necesito la necesidad, valga la redundancia, de escribir algo. 
-¿No hay en esos géneros inspiración?
-Ya te he dicho que según entiendo yo el asunto es imposible que no haya inspiración. El proceso de escritura es distinto, pero inspiración hay, tiene que haberla.
-Volviendo a un tema que hablábamos el otro día: no me nombraste entre las poetas mujeres a Szymborska.
-No, perdona: no te hice, ni te haré, ninguna lista de poetas mujeres ni de poetas hombres.
-Bueno. Pero dime qué opinión te merece Szymborska, que quería que habláramos de ella.
-No me gusta demasiado. La veo en exceso prosaica. Pero no es eso lo que me echa para atrás. Me repele un tanto esa permanente actitud irónica, como de marisabidilla, de desmitificadora, de no deberle nada al misterio. Sí, parece ser que al contrario que a casi todo el mundo, la poesía de esa señora no me causa simpatía. Lo lamento. La percibo como falsa en una primera ojeada.
-Pues tiene un gran sentido del humor...
-A mí esa actitud no me parece la propia de quien tiene gran sentido del humor. La encuentro eminentemente literaria, no me convence, no la creo genuina. Y me extraña que a un buen lector de poesía le pueda gustar tanto esa poeta. Yo creo que el Nobel y los grandes premios literarios, que son todos una comedia, cambian la percepción de la gente. Ponle a un entendido en vinos un Don Simón en una botella del mejor Rioja y quizá veas que no es tan entendido: en literatura el nombre, el currículum llevan a engaño. Yo he leído poemas como los de Szymborska a patadas, pero de poetas que no han ganado el Nobel. Gente que creía entendida en poesía me ha demostrado tener muy poco conocimiento, y no lo digo por el caso de esta autora. No, no creo que Wislawa sea una gran poeta. La veo como una poeta para gente que sólo lee novela. Una poeta para acercar, en el mejor de los casos, lectores a la buena poesía.
-Insisto: yo creo que tiene un gran sentido del humor.
-Tú puedes creer lo que quieras. A mí en poesía es otro tipo de humor el que me puede interesar. Si la ironía es el único recurso con el que cuentas como escritor, mal asunto. Pero a mí no me hagas caso: toma el camino de Wislawa o coge la guitarra, como Dylan, que a lo mejor ganas el Nobel. Esos señores suecos tampoco son tan exigentes.
-A mí me encanta su poema "Las tres palabras más extrañas". Es deslumbrante.
-Respeto profundamente tus deslumbramientos. A mí no me impresiona, aunque ese poema no está mal. A mi entender es de los más destacados.
-Bueno. Ya veo que no hay manera de convencerte. No te gusta y no te gusta.
-Tampoco es que me disguste, conste. Ni digo que sea mala poeta. Entiéndeme. Sólo digo que no es una gran poeta y que no es para mí. Lo que conozco de ella, que supuestamente es lo mejor, no me llama la atención.
-Dime mujeres poetas mejores que ella.
-Gloria Fuertes, sin ir más lejos, era bastante mejor poeta que Wislawa. O Rosalía, que mencionábamos el otro día. O Mary Oliver, por decir una extranjera del momento presente y contentar así a la afición española. Pero la lista sería más larga. Y no podría faltar, por encima de todas, Emily Dickinson.

viernes

NO INSISTAS: YA NO CONCEDO ENTREVISTAS


-El otro día en una de tus respuestas preguntabas, no sé si retóricamente, ¿a quién le importa el poema?
-Una pregunta que era una respuesta, creo recordar.
-No importa lo que fuera. Hablemos del poema.
-El poema que a mí me viene interesando ya desde hace bastante tiempo, el que creo que es el poema verdadero, es ese que te encuentras, enterrado como un humilde cofre, mientras buscabas otra cosa. O incluso mientras no buscabas nada conscientemente. Puede contener un pequeño tesoro o estar prácticamente hueco, pero siempre resulta ser un hallazgo inocente que te alegra de alguna manera. Eso no significa que luego no haya que trabajar sobre él. A veces se halla tal cual debe ir a la página, pero otras aparece lleno de polvo, o es como un mueble antiguo que restaurar. 
-Me recuerda a aquello de Picasso: "Yo no busco. Yo encuentro".
-No, pero yo creo que siempre hay búsqueda. Entendiendo por "búsqueda" una disposición del ánimo a la creación, no que estés buscando en tus recuerdos, ni quedarte plantado como un tonto delante del folio con el lápiz en la mano. Quizá algo de eso funcione, pero yo no estoy acostumbrado a trabajar así. A mí me sirve mucho pasear, llenarme de calle, y como me gusta pasear...
-¿Y cómo sabes cuándo el poema debe ir tal cual en la página y cuándo hay que retocarlo?
-No sé yo si lo sé. Sencillamente se intuye. Si surge la más mínima duda, hay que darle vueltas. Y si son demasiadas vueltas las que hay que dar conviene descartarlo. Descartarlo al menos temporalmente. Antes me resultaba muy duro descartar. Ahora soy mucho menos compasivo en ese aspecto: me he convertido en una auténtica máquina de descartar poemas.
-¿Escribes muchas versiones de cada poema?
-Para algunos una solamente. Para otros he llegado a escribir hasta treinta.
-¿Y cómo sabes cuándo aciertas con la versión definitiva?
-No entiendo el poema como un acierto personal. De hecho, mi vivencia es que los poemas buenos surgen como a espaldas del que los escribe, libres de las intenciones de éste, si es que tiene alguna intención. Los poemas malos, en cambio, son cosa siempre del poeta. De casi todos los poetas podrían hacerse dos antologías: una de poemas buenos, en los que han sabido acompañar, dejar que surja la poesía, y otra de poemas malos o menos buenos, fallidos, al fin y al cabo, en los que se les ve demasiado la pezuña.
-Responde a la pregunta...: ¿cómo sabes cuándo aciertas con la versión definitiva?
-Tampoco sé si lo sé. Pero, como he leído bastante, o mucha poesía, sé cuándo un poema es realmente bueno, cuándo es discretito y cuándo es malo. La versión definitiva es aquella que me deja completamente a gusto. Quizá podría ser otra, pero si me deja a gusto basta, tampoco hay que llegar a un punto de exigencia enfermizo.
-¿Cuántos poemas escribes al año?
-Entre 2014 e inicios de este año, en tres años, escribí más de setenta. Salvé cuarenta. Y, de esos cuarenta, buenos buenos, creo que no hay más de treinta como máximo. Pero esto va por rachas. No escribo poemas todos los días.
-Teniendo en cuenta que tus poemas suelen ser breves, o muy breves, no son muchos.
-Según se mire...
-¿Y por qué son breves la mayoría?
-No lo sé. Podría escribir más poemas largos utilizando muchos breves, un larguísimo poema de poemas, como hacen otros, pero no sería sincero conmigo mismo. En el poema largo -y, para mí, uno de treinta versos ya lo es- el cortocircuito dura más, pero no necesariamente ha de ser por ello más intenso que el breve. Supongo que la mayoría son breves por lo que te explicaba. Son poemas encontrados, mucha poesía del instante sobre la que luego, a veces, tienes que trabajar duramente. Pero casi nunca suelen pedir alargarse -más bien sucede al contrario- y en ningún caso reclaman del adorno. La elaboración en este caso consiste sobre todo en borrar aquello que los oscurece y en hallar la exactitud.
-¿Son una apuesta entonces por la línea clara?
-Ni línea ni líneo. Es que el poema, por muy oscuro que sea lo que diga -si es que dice algo más allá de lo que dice-, siempre es claro. En poesía lo oscuro no es lo racionalmente incomprensible, sino el caos y lo que está de más. ¿Quién entiende un cielo despejado? Como el cielo nublado, no se entiende: sólo es cielo y está despejado. Pues con algunos poemas pasa lo mismo. El poema verdadero siempre es claro; sólo el poeta puede oscurecerlo con sus intenciones o con su confusión mental.
-O sea, que la poesía, según tú, es claridad.
-Claramente.
-¿Y qué es entonces la poesía oscura?
-¡No existe la poesía oscura! Lo que llaman poesía oscura, si de verdad es poesía, es clara.
-Todo eso desde tu punto de vista...
-Evidentemente. No te voy a hablar desde el punto de vista de mi vecina.
-Dicho lo cual, para ti, en poesía, ¿la oscuridad es el caos?
-Sí. Y conste que la escritura caótica puede ser interesante alguna vez como punto de partida, pero si te pones a trabajar el barro será mejor tratar de darle una forma definida. No, no veo poema en el texto que va dando tumbos. Mi concepción de la poesía me lleva más hacia lo concreto y lo directo que hacia la dispersión o el derramamiento. Antes que entregar al lector el pajar, me gustaría entregarle la aguja que en él se halla. Pero no insistas: ya no concedo entrevistas.
-Entonces no va contigo lo de hacer al lector partícipe de la creación...
-Bueno, vamos a ver. Mientras uno escribe, si piensa en algún lector, no es otro que en uno mismo. Al menos quien responde. Si luego hay otro, y es buen lector, mejor que mejor. ¡Pero ese señor bastante hace ya si lee el poema hasta el final...! Es obvio que en tal caso entenderá el poema a su manera, que lo recreará, si prefieres decirlo así, pero parapetarse en esos cuentos no: el poema hay que escribirlo como mejor se pueda.

miércoles

QUE NO, QUE YA NO CONCEDO ENTREVISTAS


-¿Por qué ya no concedes entrevistas?
-La última creo recordar que fue para una televisión local de Andalucía, pero porque aparecieron allí en una presentación de un librito mío. Desplegaron de repente todos sus aparejos, y por no hacerles el feo tuve que atender a lo que me preguntaron. Como buenamente pude, claro, que poco más de media hora antes me estaba echando una siesta de las de pijama. En ocasiones como ésas no te queda otro remedio, pero prefiero evitar las entrevistas siempre que sea posible. Lo que no haré, en ningún caso, será buscar que me entrevisten.
-¿Pero por qué? ¿Por qué prefieres evitarlas?
-El principal motivo es que soy un tipo sin respuestas, y el papel de entrevistado consiste en responder. ¡Si me dejaran a mí hacer las preguntas y contestarlas en casa tranquilamente...! Yo lo haría todo: titular, entradilla, preguntas y respuestas.  
-¡Eso sería el antiperiodismo!
-No, ahora en serio. En primer lugar, no me llaman la atención las entrevistas porque no tengo afán de notoriedad y sí, por el contrario, cierto sentido del ridículo y una consciencia que me hace darme cuenta de mi poca importancia en la inmensidad del Universo. Y en segundo lugar, porque normalmente en las entrevistas te hacen preguntas como por salir del paso. Otra asunto sería hablar con un periodista con verdadero interés por tus historias, pero resulta que le encargan la entrevista a periodistas en prácticas, o que no tienen ni idea de literatura, o incluso con poca cultura general, y que te hacen preguntas del tipo: ¿de qué trata tu libro?, ¿por qué se titula así?, ¿cuántos poemas tiene? No sé, me pone de muy mal humor encontrarme con preguntas de esa clase. Y tampoco me gustan algunas de las preguntas que me haces tú, tan comprometidas. Para responderlas necesito mi tiempo... Y para aquéllas otras se me ocurren respuestas tan poco interesantes como las propias preguntas. 
-Pues siendo un autor aún joven sería bueno que te dieses a conocer más en los medios...
-Eso es lo que los medios creen, que cuando eres joven o relativamente joven o desconocido te hacen un favor por entrevistarte. Lo creen porque la mayoría de escritores están locos porque los entrevisten, por promocionarse. Te contaré una anécdota, hombre. Cuando gané mi único premio literario, un familiar mío habló con el director de una televisión autonómica, con el que tiene buen trato, para que me entrevistasen en un conocido programa cultural. Esas cosas suelen funcionar así, con intermediarios. Habló con él sin yo pedírselo, conste, pues a mí no se me habría ocurrido ni por asomo. Pues bien: cuando después intercambié emails con el director de esa televisión tuve que explicarle tres o cuatro veces, con diferentes palabras en cada ocasión, que yo no quería ser entrevistado en ese programa ni en ningún otro, que había sido una idea -bienintencionada, por otra parte- del familiar mío que había hablado con él. El director fue muy amable conmigo, la verdad sea dicha. ¡Lo gracioso fue ver que no le entraba en la cabeza que yo no quería salir en el programa, que tuve que decírselo tres o cuatro veces hasta que lo entendió! Y eso se debe a que están acostumbrados a tratar con gente que daría lo que fuese por hablar de su libro o de su disco en la tele, lo cual me parece respetabilísimo. Mi actitud le sorprendió bastante, pero, por las últimas palabras que me dijo, creo que fue una sorpresa agradable para él.
-Ummm...No sé si es ésa la actitud más adecuada. Más bien un poco negativa.
-Desde mi experiencia, no puedo hablar desde otra, es la actitud adecuada. No es ser negativo ni estar cerrado, sino valorar qué te compensa o no y actuar en consecuencia. ¿Me haría más feliz verme cada poco entrevistado en el periódico? ¿Me convertiría en un poeta superventas como Benedetti? ¿Pagan como a los famosos que venden exclusivas? ¿Interesa a alguien el poema?
-Bueno. Queda claro. Pasemos a otro tema. Hablemos de la poesía femenina. ¿Qué opinión te merece?
-¿A qué te refieres con poesía femenina?
-A la poesía escrita por mujeres.
-Yo la llamaría mejor poesía, a secas. Y como no me preguntes algo concreto no tengo nada que responder.
-Pregunta concreta: ¿Ves alguna diferencia entre la poesía escrita por hombres y por mujeres? 
-Veo diferencias entre la poesía de cada poeta, independientemente de si es hombre o mujer. 
-Pero las mujeres tienen una experiencia del mundo diferente: tienen otras sensaciones corporales, sienten más que piensan...
-No estoy yo tan seguro de eso. De que sienten más que piensan. Para mí son un misterio. Como casi todo, por otra parte. No obstante, me preguntabas por las diferencias y me viene a la cabeza el Romanticismo español. Bécquer y Rosalía. A Bécquer lo veo más exacto, quizá de expresión más memorable, pero a ella la veo más pura, y también más libre y más guerrera. Me gusta mucho Rosalía. Era una gran poeta. Pero de ahí a señalar diferencias generales entre poetas hombres y poetas mujeres...Yo no me veo capacitado para esa empresa.
-¿Entonces no crees que la poesía sea cosa de hombres?
-No, para nada. Eso sería como creer que conducir es sólo cosa de hombres. Antes, la poeta era como una mujer avanzada a su tiempo. Pero en la actualidad, afortunadamente, el tiempo la ha alcanzado y su situación se ha normalizado. O se está normalizando. Es una suerte, porque no andamos sobrados de talento como para andar desperdiciándolo.
-¿Quieres decir que las mujeres tienen más talento que los hombres?
-No, hombre, no. Quiero decir que sería una pena no poder gozar de un talento poético por el mero hecho de ser mujer.
-Pues fíjate que yo te tenía a ti por un poco machista...
-No lo creo, y hay mujeres cerca de mí que pueden atestiguarlo, pero posiblemente tenga algún rasgo machista porque nuestra sociedad aún es algo machista. En cualquier caso, lo mío no sería nada extremo. Y de ahí a considerar que la poesía es sólo de hombres...Eso no.
-¿No estarás regalándoles el oído a las poetas mujeres?
-Yo no me caracterizo precisamente por decir lo que se espera. Te hablé de Rosalía, pero por hablar de una gran poeta: grandes poetas hay pocas, como también hay pocos. Lo que define a un poeta es su originalidad, no su sexo.
-¿Pero qué entiendes por originalidad?
-En poesía la originalidad es lo que acaba marcando la diferencia. Pero yo entiendo la originalidad como algo congénito, no como algo en lo que el poeta deba ejercitarse, ni como la intención de romper ni de renovar ninguna tradición. El verdadero poeta siempre es original por naturaleza. Aprende códigos, como cualquier versificador, pero esa originalidad que hay en él es lo que distinguen a uno de otro.
-Pero en poesía no hay naturalidad sin artificio. El toque personal siempre tiene las aportaciones ajenas como punto de apoyo.
-Eso es una obviedad. Es como decir que el niño que escribe la letra "a" como ningún otro niño lo hace se apoya en las aportaciones ajenas. 
-No es una teoría muy académica...
-Ni siquiera es una teoría, pero sirve como ejemplo para que todo el mundo lo pueda entender.
-De todos modos, muy romántico te veo hablándome de la naturaleza y de la originalidad.
-Y yo a ti muy resabiado hablándome del artificio. Lo que te digo no se apoya en los presupuestos del Romanticismo, sino en la realidad de cuanto observo. Aunque en el poema haya artificio, ¿no es el artificio, también, naturaleza? Tú ves un ordenador, una tablet o un teléfono móvil, y ves tecnología. Pero son frutos de la inteligencia humana, que también es naturaleza. 

lunes

MUJERES DE ESCRITORES


Las hay con vocación de viuda literaria. Pero lo más curioso es que los haya con vocación por ellas. ¿Qué ternuras les dirán al oído: "tu luto es mi loto"?

El escritor que sólo se enamora de escritoras es más vanidoso que ningún otro: sólo puede enamorarse de sí mismo, de su propio reflejo en ellas.

No es un verdadero poeta si no teniendo novia tampoco tiene zurraspas de vez en cuando.

Escritor talludito, mediocre, pero con estudiada pose interesante, incapaz de conquistar a una mujer hecha y derecha buscó en la facultad de Filología.

Si al leerle tus poemas suele interrumpirte, porque tiene colada o plantas que regar, no te quepa duda: es el amor de tu vida.

DISCURRAMOS


Un hombre nace en 1909 y muere en 1993. De 1993 años (d.C.) que podría haber vivido, ¡vive solamente 84! Está clarísimo: lo que realmente somos tiene más que ver con eso que llamamos la nada -que en verdad es muy buena gente- que con este tiempo de tribulaciones y alegrías pasajeras.

domingo

PEQUEÑO RECOPILATORIO DEL YO


Ya te lo decía yo / Lo que yo te diga / Digo yo / Yo no fui / ¡Fui yo!/ Yo estuve aquí / Aquí estoy yo / Yo estaré contigo / Tú no sabes quién soy yo / Yo soy el que soy / Os vais a enterar de quién soy yo

sábado

JUEGOS DE SOMBRAS


Revisando el nuevo libro, me encontré que donde debía poner "A la sombra de una nube negra" ponía "A la sombra de una negra". Me había comido una nube, lo cual no deja de ser bastante poético, y de inmediato, como por arte de magia, apareció una negra. Vomité la nube y la volví a colocar en su sitio: la negra era muy grande para mí, me agobiaba tenerla encima, no daba abasto con ella.


miércoles

HE DICHO QUE YA NO CONCEDO ENTREVISTAS


-El otro día hablamos un poco de política y sociedad y me expresaste tu posición, pero no sé si estás a favor de nuestra monarquía.
-También por este tipo de preguntas ya no concedo entrevistas. Pienso que el escritor no tiene por qué andar por ahí opinando a todas horas sobre política y sociedad. Ni tiene porqué ser un experto en esos temas. Como cualquier otro ciudadano puede expresar sus opiniones, claro está, pero su función es escribir, no ser un charlatán que se cree en posesión de la verdad. No obstante, te responderé. No estoy a favor de la monarquía, no, pero tampoco me verás ondeando la bandera de la república. ¿Qué significa esto? Que no soy ni monárquico ni republicano, sino una persona medianamente normal a la que le extraña la figura de un rey al que refrendan sus actos. Como representante simbólico de España, eso sí, creo que no hay color entre Felipe y su padre. Mucho mejor Felipe. Me gusta cómo es Felipe. A su padre le debe llenar de orgullo y satisfacción. Y me parece rara  esa figura de rey, ya te digo, pero no es algo que me irrite de ninguna manera. Aun así, entiendo que a muchas personas les saque de quicio. Y entiendo también, por otra parte, que a muchas otras les dé sensación de seguridad tener un rey: es a lo que estamos acostumbrados. 
-¿No eres entonces amigo de banderas? ¿No sientes la bandera española?
-No, no es eso, hombre. Ni amigo ni enemigo. Y no es que quiera desmarcarme de cualquier clasificación. Las pocas veces que viajo al extranjero pueden emocionarme un poco ese tipo de símbolos patrióticos, pero porque soy español y la gente que quiero está en España. También me ocurre cuando no estoy en Asturias y escucho su himno. Tengo sentimientos como cualquiera, pero de ahí a considerarme amigo o enemigo de banderas hay un trecho: sólo son un trozo de tela.
-Me parece bastante razonable lo que dices. ¿Y de la ley de memoria histórica? ¿Tienes algo que decir?
-Para opinar con criterio antes hay que conocer a fondo los temas. Yo esa ley no la he leído. Sé de ella por lo que se habla, que es bastante, pero nada más, y desde ese conocimiento insuficiente sólo me atrevo a decirte que estoy a favor de la memoria, pero no del rencor. Para crecer y avanzar por buena senda conviene librarse del rencor. También es cierto que a mí nunca me contaron, afortunadamente, ninguna batallita.  Y eso que uno de mis abuelos, que estuvo preso en los dos bandos, bien podría haberlo hecho. Tenía una cicatriz de bala en el estómago y conservaba la bala, pero casi como un souvenir, sin ningún resquemor. Creo que le pasaba un poco como a mí, que no se creía ninguna película. 
-Volvamos a la poesía. ¿Crees que la española es inferior a la de otros países?
-No, no lo creo. Es más, en España se traduce mucha más poesía que en otros países. 
-No lo sé, pero yo lo que te pregunto es si crees que la nuestra es inferior.
-No, no. Hay de todo.
-Pues no sé si estoy de acuerdo...
-No tienes porqué. Pero la poesía norteamericana, por ejemplo. De la que yo he leído, que no es poca, he encontrado más mala que buena poesía. Otro ejemplo: la poesía latinoamericana. Bien estudiada, tampoco puede considerarse superior a la nuestra. Aun habiendo, como en todas partes, excelentes poetas, ocurre también que las gentes de esas latitudes tienen un pico de oro, y eso puede llevarnos a engaño: una cosa es el poeta con sustancia y otra muy diferente el poeta encantador de serpientes. No sé, pienso que hay gran poesía en todo el mundo. Y soy optimista con respecto al futuro de la española. Nuestro complejo de inferioridad nos hace ser humildes y admirar lo de fuera, y de esa humildad nace también gran poesía. Pero, a mi modo de ver, el poeta español no debe admirar al norteamericano o al polaco hasta el punto de querer sonar como ellos. Eso sí que es ser provinciano, más que hablar de tu pueblo en un poema. Hay que hacer como ellos, que no reniegan de sí mismos. El poeta español debe ser lo que él es, un poeta español, en esplendorosa apertura a lo que viene de afuera. Un poeta sin complejo de sus orígenes, que nada tienen de malo (más bien es al revés), y muy abierto al mundo.
-Veo que lo tienes claro.
-Sí. Esto sí.
-Ya que tocamos el mundo de la política, vamos con otro tema controvertido. ¿Qué me dices de la religión?
-Por este tipo de preguntas, insisto, ya no concedo entrevistas. Pero conmigo se puede hablar de cualquier cosa, siempre y cuando tenga media idea de ella.
-¿Y qué me dices entonces?
-Como no me preguntes algo concreto, no tengo nada que responder.
-Las guerras. ¡Cuántas guerras por culpa de la religión!
-No, perdona. Por culpa de la religión no: por locos, por fanáticos.
-Pero fanáticos, al fin y al cabo, del Dios de su religión.
-¿Y no has pensado cuántas guerras habría si no existiesen las religiones? Las religiones todas, aunque tengan también literatura, parábolas, historietas, hablan del mismo amor. Sin esa necesidad de trascendencia del ser humano, imagínate la matanza.
-La verdad es que no lo había visto así.
-Pues ya lo ves.
-Entremos en lo personal, si me permites. ¿Eres creyente?
-Creo que hay algo o alguien que para entendernos podemos llamar Dios. Lo creo porque me lo dice el sentimiento muy a menudo. Pero mi pensamiento apunta que en cuanto se habla de eso no sabemos muy bien de qué estamos hablando.
-¿Eres católico?
-Hice la primera comunión, pero no la confirmación. Empecé a ir a aquellas reuniones, pero mis compañeros y compañeras de banco en la Iglesia hablaban de tripis, y abandoné. Incluso hablaban de eso con el catequista. No pude contrarrestar con la voluntad los efectos psicodélicos de aquellas conversaciones.
-¿Hablas en serio?
-En serio. Fui nada más que dos o tres días. Otro de los días creo recordar que el tema de conversación fueron los ligues. A mí lo del tripi no me llamaba la atención, pero lo del ligue sí. Y consideré mejor no seguir yendo allí nada más que para hablar. Preferí pasar directamente a la discoteca a ver si había suerte. No hubo demasiada, había que esforzarse mucho para muy efímeros momentos de dudosa gloria.
-En mal lugar dejas a la Iglesia.
-No es ni de lejos mi intención, sólo te hablo de lo que viví. Sería una casualidad.
-Podías haberte cambiado de grupo.
-Puede ser, pero no se me ocurrió. Dejé de ir y punto. Con esa edad tampoco te planteas esas cosas, a no ser que tengas padres muy rígidos o del Opus. No es mi caso. Me dieron cierta libertad y la ejercí.
-Pues si no estás confirmado no puedes casarte por la Iglesia.
-Ya llevo diez años con la misma persona y no creo que me case. Ni por la Iglesia ni por lo civil ni por el rito zulú. Pero no se sabe nunca lo que puede pasar. Igual hago como Brodsky, que a los cincuenta se casó con una jovencita. O como mi impecable amigo Cereijo, que se casó ya casi sesentón.
-¿No crees en el matrimonio?
-Qué aburrimiento. ¿Cuántas veces habré dicho que ya no concedo entrevistas?

lunes

YA NO CONCEDO ENTREVISTAS


-¿Podrías explicar a los lectores de este diario en qué tradición intentas situarte con tu poesía?
-Nunca he tenido intención de situarme en ningún sitio, porque en poesía las intenciones son lo de menos. No obstante, todo poeta va viendo con el tiempo cuáles son las lecturas que más poso le han dejado. En mi caso particular, creo que están en mí especialmente (aunque lo más seguro es que, por suerte o por desgracia, no se noten): Horacio; nuestros cancionerillos anónimos; Hölderlin; Emily Dickinson; Juan Ramón Jiménez; Li Bai, Po Chu Yi y bastantes chinos más; Basso e Issa, creo que sobre todo este último; Jaime Sabines; Eugenio de Andrade y Pessoa... Contemporáneos muchos también, pero son afinidades más volubles. La base está en las poesías que cito, y en muchas otras que no menciono porque la lista se haría demasiado larga.
-¿Tienes inquietudes sociales y políticas? No te veo un poeta especialmente comprometido.
-La poesía es social en cuanto sale del cajón, pero creo entender lo que quieres decir, y supongo que es acertado. No, no soy un poeta político.
-No has respondido a parte de mi pregunta. ¿No te inquietan los problemas de la sociedad, ni la incompetencia de nuestros políticos?
-Hay que ver qué pregunta. Los problemas de la sociedad, que siempre ha habido, que creo nunca dejará de haber, según cuáles sean me pueden inquietar más o menos, como a cualquier otro ciudadano. En cuanto a la incompetencia, no es exclusiva de los políticos. Está por todas partes. Es inherente a la condición humana. Incompetentes hay entre los camareros, entre los policías, entre los dependientes, entre los comerciales, entre los periodistas, etc. No queda otra que aceptarlo: somos así. Lo que ocurre es que infinidad de gente necesita un blanco al que lanzar el dardo de sus frustraciones, de su falta de claridad mental, de sus complejos, de su envidia, de su ignorancia...Y los políticos cumplen también ese papel, el de hacer de diana. En ese sentido, desde mi punto de vista son todos bastante competentes, son muy buenos encajadores. Y no, yo no pongo mi esperanza en la colectividad, sino en una intimidad con la vida, porque mi propia experiencia me ha enseñado que ése es el camino de la verdadera gloria. Y en relación con la escritura poética: si escribes un poema sobre un asunto premeditado, suele suceder que la poesía no quiere acompañarte. El texto podrá estar escrito con mucho oficio, pero le faltará algo. Será como el pan sin sal. Eso un buen lector de poesía lo capta a la primera ojeada. Es necesario un impulso fatal para que el poema sea justo, no va a ser justo por el mero hecho de denunciar injusticias. Algo así -muchos temas justos, pero muchos poemas injustos- comentaba Claudio Rodríguez.
-Bueno, te has despachado a gusto. Pero me gustaría saber cuál es tu ideario político.
-Yo creo que me parezco un poco al amigo (no sé si real o inventado) que en un poema Celaya celebraba tener: "Por fin tengo un amigo, / otro pequeño imbécil como yo, sonriente, / que no lee los periódicos, / que no está preocupado, / que no tiene opinión formada sobre Europa". No lo sé, yo no soy nada. Tengo ideas que al parecer son de izquierdas (incluso creí, en su momento, ser de izquierdas) y otras que supuestamente son de derechas, de hombre tradicional. Pero a mí todas ellas me parecen cosas de sentido común. No pertenezco a ningún partido político y, cuando voto, lo hago en blanco. 
-De acuerdo. Volvamos a la poesía. Dime cómo ves el boom de la poesía superventas.
-¿Te refieres a la de Twitter?
-Evidentemente.
-También es difícil para mí responder a esta pregunta. Por eso ya no concedo entrevistas. No he meditado mucho en ese fenómeno, pero no me parece mal. Partiendo de la base de que cada autor escribe como puede, y de que cada editor es libre de publicar lo que le venga en gana, si esos chavales venden tanto no puedo sino felicitarlos. Eso sí, podrían darme a mí parte de sus derechos de autor.
-No te quieres mojar...
-No, de verdad que mi opinión es ésa. He ojeado en las librerías esos libros y ninguno me ha gustado, ¡pero cuántos libros no me gustan y se venden como churros! Si a mí mismo, cuando me examino críticamente, me encuentro un montón de defectos, quién soy yo para meterme con esos autores o con los editores que lanzan grandes tiradas de sus libros. Cada uno hace lo que puede para seguir adelante. Pienso yo, no sé.
-Pero son libros que no son de poesía y se presentan como tal...
-Lo de qué es poesía y qué no es poesía es muy discutible. También hay muchos libros de poetas dinosaurios (y de jóvenes octogenarios) que no contienen un gramo de poesía, pero tienen cierto predicamento intelectual, ponen el acento en la sexta del endecasílabo y por eso no se plantea la cuestión de si es o no es poesía. Digamos que se sitúan en otro extremo, pero que vienen a ser lo mismo: a aquéllos les falta más de un hervor, pero a éstos la frescura, el aliento de corazón joven que en todo poeta debe haber.
-Ahí ya te has mojado un poco más.
-¿Ves? A mí es muy fácil tirarme de la lengua. También por eso ya no concedo entrevistas.
-En cuanto a los poetas jóvenes de tu tierra, ¿cómo los ves, los conoces, estás al tanto?
-Salen muchos de Oviedo. Todos ante la atenta mirada de mi admirado amigo García Martín, que en Asturias, para los poetas jóvenes, es algo así como lo que fue Aleixandre para los poetas surgidos en los años 70. Con la diferencia de que García Martín es un poeta más ameno de leer que Aleixandre, al menos para mí, y no los recibe en su casa, como hacía aquel, sentado con una manta sobre las rodillas, sino en una cafetería o en un centro comercial. La verdad es que no sé cómo lo aguantan los que lo ven todas las semanas en su tertulia. García Martín saca de sus casillas a cualquiera. Aunque hay que reconocerle que es sabio y poco rencoroso, y que tiene sentido del humor. Cualidades muy difíciles de encontrar juntas en una sola persona.
-A García Martín ya lo conocemos todos. Yo quiero que me hables de los jóvenes poetas asturianos.
-De los últimos que han salido creo que Miguel Floriano es el que tiene más potencial. No lo he tratado, pero es al que más personalidad le veo. Si no se deja intoxicar por el mundo literario, si va un poco a su aire y es humilde, puede aportar grandes cosas. De hecho ya está aportando cosas más que aceptables.
-Pero ese muchacho es totalmente distinto a ti como poeta.
-¿Y qué tiene que ver eso? Si sólo me gustase lo que es totalmente igual que lo mío, sólo me leería a mí mismo. Qué aburrimiento. 
-Y el panorama español de jóvenes, ¿cómo lo ves?
-Yo qué sé. Hay mucha gente escribiendo. Últimamente han salido dos antologías, o antojolías, mejor dicho, como decía Juan Ramón. Una de ellas preparada precisamente por Floriano al alimón con Antonio Rivero Machina. Pero no sé yo qué decirte. He visto en ellas momentos interesantes, aunque mucha paja también. Hay algunas voces que destacan por su originalidad, pero destacan si cabe más en esos libros no sólo porque lo hagan muy bien, que lo hacen, sino porque a su lado tienen alguna otra que disuena un tanto o que es insípida y no dice mucho al lector. De todas formas, las antologías de poesía joven, aunque no carezcan de cierto interés, no tienen mucho sentido. Son especialmente caprichosas, mera curiosidad, no significan nada, y no lo digo porque yo no esté en ellas, que me da absolutamente igual y quien me conoce lo sabe. Para ser serios, habría que hacer antologías de poetas mayores de cincuenta años, que es cuando se ve con perspectiva las cotas que ha alcanzado cada poesía.
-¿Y entre los veteranos? ¿Qué nombres destacas?
-Yo no veo la poesía desde los nombres, sino desde los poemas. Hay nombres de primera fila con muchos poemas de segunda, y viceversa. En otros casos coinciden nivel literario con nivel de reconocimiento, eso que tanto quita el sueño a muchos. Conviene hablar de esto con propiedad. Pero como no quiero ponértelo difícil te diré que Gamoneda, para mí, aunque no me guste todo lo suyo, es el poeta con más fuerza. Posiblemente ya esté en un momento en que su poesía no puede crecer sino a lo ancho, pero tú me pides nombres y ahí tienes uno.
-En general, ¿hacia dónde crees que camina la poesía? No sólo la española.
-La poesía siempre camina hacia el corazón humano. Intuyo que en eso no va a cambiar.
-¿Pero qué tendencias crees que vendrán?
-Yo no soy adivino, pero es difícil que surjan voces que alienten algún cambio en la manera de entender la poesía. En el siglo pasado hubo dos autores, Parra y Bukowsky, que tuvieron, que han tenido una enorme influencia. El primero es un gran poeta y el segundo no, pero salieron de ambos multitud de fotocopias, a pesar de que Parra es inimitable porque tiene una gracia especial. A estas alturas es complicado que eso se vuelva a repetir. Todo está muy trillado, nos las sabemos todas, y supongo que por eso se explica que ya hoy día se empieza a observar una mayor diversidad de propuestas. Esa será tal vez la tendencia: una poesía cada vez más personal, sin caminos revolucionarios, más madura, más acogedora o respetuosa con sus numerosos precedentes.
-En cuanto a la crítica, ¿cuál es tu opinión?, ¿hay crítica o no hay crítica?
-Haberla hayla, pero no llega ni a la mitad del nivel que podría alcanzar si fuésemos más serios. El papel de crítico es muy difícil. Si no dices nada malo de ningún libro hay quien te juzga como a un personaje de Disney. Y si dices algo malo te ganas la enemistad de muchos. Aparte de eso, todos sabemos que muchas críticas son publicidad y que otras muchas, la mayoría, están condicionadas por la amistad o el interés. Si sólo se hablase de libros una vez transcurridos veinte años de su publicación, el tiempo haría la primera criba y el crítico se libraría de compromisos, hablaría únicamente de libros que marcan la diferencia. Sí, creo que a la crítica le sobra apresuramiento y, por eso mismo en parte, le falta libertad. Además, cualquiera se saca una reseña de la manga. Debería haber críticos profesionales, que pudieran vivir exclusivamente de la crítica, que gozaran del mayor prestigio social. Todo esto sería a priori muy mal negocio para las editoriales, pero ya nos inventaríamos algo, que para eso tenemos imaginación. Eso que llaman el mundo de la cultura, a la larga, lo agradecería mucho. Pero no sucederá nada de esto, claro está, todo seguirá como siempre.


domingo

LÍNEAS EN MEMORIA DE UMBERTO SABA


Caminaba ensimismada, atenta al teléfono móvil, como es costumbre hoy día en buena parte de la población. Sin pensarlo le dije: "levanta la cabeza, guapa". Se puso roja. Y creí saber, sólo por eso, que era la Rosa. O el símbolo de la Rosa, que indudablemente es otro símbolo. Mi pensamiento, por fortuna, es así de ingenuo con frecuencia. Carne de poesía naíf, me invita a asociar (y a veces le hago caso) roja con rosa, sueño con cielo, flor con amor. Y me digo que es una suerte porque ya hay demasiados cerebros atormentados por tratar de descifrar el mundo. El mundo no se deja descifrar. El mundo sólo acepta el canto o el silencio, que a su modo también es canto.

Lleva estas líneas, paloma, este modesto homenaje, a la tumba de Umberto Saba, que amó la rima flor-amor, que le encantó.

miércoles

SUEÑOS SON


Anoto -mero capricho- diez nombres españoles de mujer: Alba, Sol, Lluvia, Esperanza, Felicidad, Amor, Consuelo, Purificación, Remedios, Luna. Los anoto y, de repente, sueño que soy padre de diez niñas llamadas así. Qué hermoso sería, qué hermoso sería complicarme la vida de ese modo. Vivir rodeado de mujeres, darlo todo por ellas, ponerme a sus órdenes, carecer de tiempo para mí. Pero los sueños sueños son, desde luego, y me faltan materias primas para lograr que éste se confunda con el de la realidad. Necesitaría una mujer fértil y delgada (ya engordará la pobre) no mayor de veinticinco años (la mía los supera), un tremendo golpe de suerte en la lotería y, además, que el método Shettles funcione. De poco me sirve sin todo eso, Calderón, tener un semen de extrema calidad.

viernes

GRADOS DE CONFIANZA


Ese punto de la relación en que tu novia, el día de reyes, te regala un pack de tres pares de calcetines. Y tú, a ella, veinte euritos, para no equivocarte de colonia.

jueves

EJERCICIO DE EMPATÍA


Desde los ojos de un señor imaginario refugiado en la literatura, sin contacto directo con lo rabiosamente vivo, hago el experimento de leer, en este mismo blog, algunos textos desvergonzados. Y la verdad es que cuesta un poco, aunque es asumible, encontrarse a uno mismo cierto parecido con Mowgli.

miércoles

ADIVINA, ADIVINANZA


Es la corrección personificada: marido correcto, padre correcto, correcto profesor de instituto (prejubilado correctamente) y convencido socialista correcto. También es escritor, y muy correcto: escribe poemas correctos, microcuentos correctos, aforismos correctos y crítica correcta. Correctamente, administra un blog correcto y prepara correctas antologías de poesía. A su corrección -irresistible- no se le pone nada por delante, ni siquiera el odio más irracional: lo sé porque ése es el odio que me tiene, y lo manifiesta con impecable corrección. Pero entretanto yo, incorrectamente, le he cogido cariño.

AQUELLOS MARAVILLOSOS AÑOS


Cualquiera tiempo pasado / fue mejor, cantaba herido Manrique. Yo no sé si eso es verdad más allá de sus coplas, porque en la nostalgia hay algo de petulancia, pero no cabe duda de que los porteros de fútbol ya no son lo que eran. En mi infancia había dos estilos principales: el de Zubizarreta y el de Buyo. Pero ahora todos parecen haber pasado por la misma escuela. Y ya no se ven chapas tan cómicas:


martes

APUNTE FINAL SOBRE PREMIOS LITERARIOS


¿En qué piensan los que redactan las bases de los concursos de poesía cuando piden un mínimo número de versos? ¿Es la poesía una cuestión de cantidad, o tiene más que ver con la intensidad y otras cualidades? Si el santo Juan de Yepes viviera hoy en día y entrara en escritores.org, dispuesto a enviar su Cántico espiritual a algún premio, se asombraría de no poder participar en casi ninguno, ya que su libro consta de cuarenta liras -doscientos versos- y en la inmensa mayoría de las bases exigen quinientos como poco. ¿Qué importa que la suya sea, acaso, la obra cumbre de nuestra poesía? Me pregunto si es que creen justificar la pertinencia del premio con la extensión de la obra ganadora: quiero pensar que no tienen tal cacao mental.

lunes

NO DIGO NOMBRES (NOTAS SOBRE PREMIOS LITERARIOS)


Me he retirado de unos cuantos concursos literarios en mi pequeña historia. Mencionaré dos de ellos.

1/ Una vez me presenté al Adonáis, pero en cuanto me enteré de cómo era la gala de entrega del premio... Resulta que citan a los finalistas sin que ninguno sepa si ha ganado o ha obtenido un accésit. Algo así como la gala de los Goya. En cuanto a los nominados:

a) Entiendo que se llenen de orgullo y satisfacción como Juan Carlos I.
b) Admiro que estén dispuestos a sufrir de incertidumbres evitables, a la expectativa de la decisión -siempre relativa y discutible, tratándose de arte lo que se juzga- de los miembros del jurado.
c) Me extraña, en algunos casos muy concretos, que no tengan un poco más de amor propio, que se rebajen de esa manera, que vayan allí a hacerle la rosca a esos señores, que necesiten tanto del reconocimiento ajeno para reconocerse a sí mismos.

2/ Recientemente me he retirado del premio Hiperión: en cuanto Javier Sánchez Menéndez dio el sí a mi nuevo libro. Una isla como la suya, exactamente como la suya, es lo que necesitaba un náufrago como yo.

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Ya sólo me atraen -y los días tontos- los premios con dotación económica. Quiero comprarme una cabaña en Covadonga.

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En relación con los premios de Visor, los poetas que detestan la corrupción tienen dos opciones, tan legítimas la una como la otra:

1/ Tacharlos de la lista de posibles.
2/ Conservar la fe en que no en todos se hacen trampas: a veces, raras veces, se lleva el premio alguien con el nombre limpio. Pero hasta que eso suceda lo más probable es que haya que pasar por el suplicio de hacer cola en Correos más de una vez (y de dos, y de tres...).

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Me quejé de no cobrar derechos de autor por mi único premio literario, pero la culpa es mía: confiando en la seriedad de los editores, no firmé contrato de edición. Es lo que ocurre cuando no eres Caín, que a veces te piensas que todo el mundo es Abel y, sin darte cuenta, tus honorarios desaparecen en un juego de manos que no viene en tu set de magia Borrás.

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Por La luna en la punta de la lengua fui el finalista más joven del Premio Nacional de poesía que concede el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. El mismo año que se lo dieron a Luis Alberto de Cuenca. No siento ningún orgullo por ello. De hecho, no quería ponerlo aquí por si parece lo contrario, pero tengo que hacerlo para señalar el seductor (amén de maestro) romanticismo que hay en la derrota. Sí, encontré algo morboso, en el más sano sentido de la palabra, en el hecho de ser eliminado, como buen pardillo, en la primera ronda de votaciones. Es el mismo romanticismo que actuar de extra en una película de bajo presupuesto y que en el montaje corten tu única escena, esa en la que te matan de un solo disparo.

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Quien lo merezca, no se olvide de celebrar, como Míchel en el Mundial de Italia, el premio literario más agradecido, el premio de poder decir lo que te da la gana.

miércoles

EVOCACIÓN ROMÁNTICA


Hace diez años, por estas fechas, no sé qué día exactamente, conocí a mi amiga. Cuántas cosas han pasado desde entonces. La vi al subirme al autobús urbano: belleza infrecuente, pinta de buena muchacha, de tierna cervatilla, iba en el último asiento, cargada con bolsas del Mercadona. Impulsado por no sé qué fuerzas del destino, yo, que conozco el sufrimiento que la timidez conlleva, me senté a su lado sin dudarlo, la miré como si fuera mía y me presenté como un joven poeta de provincias. Durante el breve trayecto, ¿qué le dije, qué me dijo? Sólo recuerdo que me bajé en su parada, para ayudarla a llevar las bolsas, como un galán de los que ya no quedan, seguramente con la intención -fracasada aquella vez- de que me invitara a entrar en su casa. Cuántas cosas han pasado desde entonces. ¿Qué habría sido de mí si no la hubiera conocido? Supongo que andaría perdido por ahí, con muchos quebraderos de cabeza y con algún lamparón en la camisa.