Mostrando entradas con la etiqueta Teatrillo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Teatrillo. Mostrar todas las entradas

domingo

CONVERSACIÓN DE DOS ENAMORADIZOS


-No tengo remedio, me enamoro tres o cuatro días a la semana.
-Consuélate con lo mío: yo me enamoro tres o cuatro semanas cada día.

jueves

UN DESESPERADO Y EL MAESTRO DAO FU


-Maestro, estoy buscando pareja y no encuentro una mujer de mi gusto. Me tengo por un tipo sensible y culto, a la par que fogoso, y es muy difícil para mí dar con la compañera perfecta. ¿Qué puedo hacer para encontrarla?
-Perfecta, ha dicho "perfecta". ¿Qué es para usted la perfección?
-La ausencia de defectos, el ideal.
-Lo que para usted puede ser un defecto, para otro puede tratarse de una delicatessen.
-Ya, ya, tengo asumido que la perfección no existe. 
-Todo lo contrario. Más allá de sus gustos o los de otro hombre, todo es perfección. El fallo sólo existe por la inventiva del perceptor. ¿Por qué no lo ve así, libre de su percepción personal?
(Silencio del desesperado)
-Creo que lo entiendo. Sin embargo, a la hora de la verdad, uno necesita una mujer interesante en el plano intelectual, a la vez que excitante en el plano sexual. ¿Entiende eso usted?
-Perfectamente.
-Entonces, ¿qué debo hacer?
-Por lo que me cuenta, intuyo que busca una mujer que coincida con el concepto que tiene de sí mismo. Puede cambiar, para empezar, ese concepto sobre su propia persona.
-¿Cómo hacerlo?
-Yo puedo ayudarle. 
-Ayúdeme.
(El maestro Dao Fu enciende un cigarrillo)
-Usted es un ignorante.
-¿Perdón?
-Lo que oye: un ignorante.
-¿Por qué me dice eso?
-Me ha pedido que le ayude. Y yo le estoy ayudando. Al decirle que es un ignorante, estoy influyendo en ese concepto tan alto que tiene de usted mismo. Así no descartará a las mujeres incultas, muchas de ellas más sabias que usted.
-Ya, pero yo necesito una mujer con la que poder hablar. No sólo la necesito para acostarme con ella.
-Yo no le digo que se centre sólo en las mujeres mudas. (Se ríe)
-Quiero decir que necesito una mujer con la que poder mantener una conversación elevada.
-Se lo repito: usted es un ignorante. Y un pedante, que es la peor manera de ser un ignorante. 
-Es usted un poco maleducado.
-Y usted un tonto. Le estoy diciendo que es un ignorante y un pedante y no se enfada. ¿Cómo que un poco maleducado? ¿Dónde está esa fogosidad? Parece que no tenga sangre.
-¿Quiere que me enfade con usted?
-No, le estoy ayudando a enfadarse consigo mismo. Si no encuentra el ideal en ninguna mujer, siendo tantas tan apetecibles, el problema está en su persona, no en la realidad.
(Silencio del desesperado)
-¿Entonces debo enfadarme conmigo mismo?
-No, ya no. Usted es muy educado y se ha tragado el orgullo, porque no me ha faltado al respeto. Se lo agradezco. Pero sé que me ha entendido y que una luz se está encendiendo en su interior.
-Bueno. ¿Pero qué debo hacer?
-Por favor, que ya no es un niño. Lo que debe hacer es vivir. Yo en su lugar saldría a la calle ahora mismo y hablaría directamente con alguna mujer que fuera sola y me gustase. Muchas le tomarán por loco, pero otras se quedarán impresionadas.
-¿Me está diciendo que le hable a una desconocida?
-Hombre, es que vivir se trata de eso, de estar abierto a lo desconocido. Si entre sus conocidas no hay ninguna disponible, o ninguna que le atraiga, es lo mejor que puede hacer.
-¿Y qué le digo?
-Cualquier cosa. Eso no se planea. Debe confiar en el supremo amor que es usted mismo. 
-¿Pero qué pasa si me toman por loco?
-No pasa nada. Pasa que le toman por loco, pero no por eso se acaba el mundo. No puede desanimarse por una cosa así. 
-Yo no soy tan atrevido.
(Silencio del maestro Dao Fu)
-Eso tendrá su encanto a ojos de muchas mujeres. Al ver el esfuerzo que hace luchando contra su timidez, se beneficiará a más de una. Y si luego alguna resulta ser su pareja ideal, ya está, asunto resuelto.