jueves

DOS POEMAS DE CÉSAR SIMÓN


LO POSTRERO

Sólo el edén espera,
el edén de las rosas
que no se ven,
de los árboles que no existen.

*

NO, PALOMA MÍSTICA

No, no, paloma mística
que no convences porque no confiesas
la crueldad del mundo,
la divina equivocación.

*

Pertenecientes al libro El jardín, traídos aquí de su Poesía completa.

miércoles

POEMA DE JOSÉ CEREIJO


HAY una
natural hermandad entre nosotros
y la tierra, el viento, la luz
que los ojos recogen,
cada vez un poco más cansados.
                                                 Tienen
el mismo sabor nuestro, la misma respiración
íntima, y no es un delirio de la santidad
el llamarlos hermanos, sino tan sólo el reconocimiento
de un vínculo natural, limpio. 
                                             Y cuando
esto se comprende, también debe ser fácil entender
que ese vínculo llega hasta el final, que incluso
el dolor, la muerte, la propia nada, son
de la misma materia que nosotros.

*

Del libro Los dones del otoño, que tuve el privilegio de presentar en Cuenca, y ante numeroso público: parecía aquello un concierto de AC/DC.

lunes

POEMA DE ROBERT LOUIS STEVENSON


ENVÍO

Ve, librito mío, y a todos desea
flores en el jardín, comida en su mesa,
una jarra de vino, talento,
una casa rodeada de césped,
un animado río en su puerta
y un ruiseñor en el sicomoro.

*

Del libro Cantos de viaje. Traducción de Txaro Santoro y José María Álvarez.

SIEMPRE NOS QUEDARÁ JUAN RAMÓN (II)


Lector de poesía que a veces te desapasionas al ojear novedades en las librerías, no pasa nada: siempre nos quedará Juan Ramón. Me acuerdo otra vez ahora que me reencuentro, entre los libros que tengo por aquí cerca, con su Selección de prosa lírica editada en la colección Austral. Lo malo de leerlo, si eres poeta, es que puedes acomplejarte, sentirte poca cosa, dejar de creerte el as que quizá seas o quizá llegues a ser. Pero ese pequeño malestar, bien mirado, es una hermosa bendición.

Pues nada más debo añadir, dejo un par de muestras. Un apunte que evoca a un clásico y un retrato de otro clásico.

***

BÉCQUER

Hay por Sevilla un jirón de niebla que el sol más claro no acierta a disipar. Se va de un lado a otro, pero nunca se quita; algo así como esas estrellas que ven ante sí los ojos confusos. Es Bécquer. ¿Es Bécquer? ¡Es Bécquer!


*

ANTONIO MACHADO

Antonio Machado se dejó desde niño la muerte, lo muerto, podre y quemasdá por todos los rincones de su alma y su cuerpo. Tuvo siempre tanto de muerto como de vivo, mitades fundidas en él por arte sencillo. Cuando me lo encontraba por la mañana temprano, me creía que acababa de levantarse de la fosa. Olía, desde muy lejos, a metamorfosis. La gusanera no le molestaba, le era buenamente familiar. Yo creo que sentía más asco de la carne tersa que de la huesuda carroña, y que las mariposas del aire libre le parecían casi de tan encantadora sensualidad como las moscas de la casa, la tumba, y el tren,

inevitables golosas.

Poeta de la muerte, y pensado, y sentido, preparado hora tras hora para lo muerto, no he conocido otro que como él haya equilibrado estos niveles iguales de altos o bajos, según y cómo; que haya salvado, viviendo muriendo, la distancia de las dos únicas existencias conocidas, paradójicamente opuestas; tan unidas aunque los otros hombres nos empeñemos en separarlas, oponerlas y pelearlas. Toda nuestra vida suele consistir en temer a la muerte y alejarla de nosotros, o mejor, alejarnos nosotros de ella. Antonio Machado la comprendía en sí, se cedía a ella en gran parte. Acaso él fue, más que un nacido, un resucitado. Lo prueba quizás, entre otras cosas, su madura filosofía juvenil. Y dueño del secreto de la resurrección, resucitaba cada día ante los que lo vimos esta vez, por natural milagro poético, para mirar su otra vida, esta vida nuestra que él en parte se reservaba también. A veces pasaba la noche en su casa ciudadana de alquiler, familiar o posada. Dormir, al fin y al cabo, es morir, y de noche todos nos tendemos para morir lo que se deba. No quería ser reconocido, por sí o por no, y por eso andaba siempre amortajado, cuando venía de viaje, por los trasmuros, los pasadizos, los callejones, las galerías, las escaleras de vuelta, y, a veces, si se retardaba con el mar tormentoso, los espejos de la estación, los faros abandonados, tumbas en pie.

Visto desde nosotros, observado a nuestra luz medio falsa, era corpulento, un corpachón naturalmente terroso, algo de grueso tocón acabado de sacar; y vestía su tamaño con unos ropones negros, ocres y pardos, que se correspondían a su manera estravagante de muerto vivo, saqué nuevo quizás, comprado de prisa por los toledos, pantalón perdido y abrigo de dos fríos, deshecho todo, equivocado en apariencia; y se cubría con un chapeo de alas desflecadas y caídas de una época cualquiera, que la muerte equilibra modas y épocas. En vez de pasadores de bisutería llevaba en los puños del camisón unas cuerdecitas como larvas, y a la cintura, por correa, una cuerda de esparto, como un ermitaño de su clase. ¿Botones? ¿Para qué? Costumbres todas lógicas de tronco afincado en cementerio.

Cuando murió en Soria de Arriba su amor único, que tan bien comprendió su función trascendental de paloma de linde, tuvo su idilio en su lado de la muerte. Desde entonces, dueño ya de todas las razones y circunstancias, puso su casa de novio, viudo para fuera, en la tumba, secreto palomar; y ya sólo venía a este mundo de nuestras provincias a algo muy urjente, el editor, la imprenta, la librería, una firma necesaria...La guerra, la terrible guerra española de tres siglos. Entonces abandonó toda su muerte y sus muertos más íntimos y se quedó una temporada eterna en la vida jeneral, por morir otra vez, como los mejores otros, por morir mejor que los otros, que nosotros los más apegados al lado de la existencia que tenemos como vida. Y no hubiera sido posible una última muerte mejor para su extraña vida terrena española, tan mejor, que ya Antonio Machado, vivo para siempre en presencia invisible, no resucitará más en jenio y figura. Murió del todo en figura, humilde, miserable, colectivamente, res mayor de un rebaño humano perseguido, echado de España, donde tenía todo él, como Antonio Machado, sus palomares, sus majadas de amor, por la puerta falsa. Pasó así los montes altos de la frontera helada, porque sus mejores amigos, los más pobres y más dignos, los pasaron así. Y si sigue bajo tierra con los enterrados allende su amor, es por gusto de estar con ellos, porque yo estoy seguro de que él, conocedor de los estrechos vericuetos de la muerte, ha podido pasar a España por el cielo de debajo de la tierra.

Toda esta noche de luna alta, luna que viene de España y trae a España con sus montes y su Antonio Machado reflejados en su espejo melancólico, luna de triste diamante azul y verde en la palmera de rozona felpa morada de mi puertecilla de desterrado verdadero, he tenido en mi fondo de despierto dormido el romance Iris de la noche, uno de los más hondos de Antonio Machado y uno de los más bellos que he leído en mi vida:

Y tú, Señor por quien todos
vemos y que ves las almas
dinos si todos un día
hemos de verte la cara.

En la eternidad de esta mala guerra de España, que tuvo comunicada a España de modo grande y terrible con la otra eternidad, Antonio Machado, con Miguel de Unamuno, y Federico García Lorca, tan vivos de la muerte los tres, cada uno a su manera, se han ido, de diversa manera lamentable y hermosa también, a mirarle a Dios la cara. Grande de ver sería cómo da la cara de Dios, sol o luna principales, en las caras de los tres caídos, más afortunados quizás que los otros, y cómo ellos le están viendo la cara a Dios.

POEMA DE ANTONIO GAMONEDA


A veces, cuando mi perro me mira, me viene a la cabeza una de las líneas memorables de Gamoneda: "En los últimos símbolos, ves la pureza sin significado". Me viene a la cabeza porque en las miradas de mi perro veo exactamente lo contrario, veo la pureza con significado. ¿Acaso porque no necesitan de palabras? No lo sé, pero significan -transparentes, sin doblez, puras al cabo- "me alegro de verte", "vamos a la calle", "échame comida", "hazme un hueco en el sofá". Y ahora, como me ha vuelto recordar ese pasaje, traigo a la afición un poema de Gamoneda. Del libro Canción errónea.

*

UNA flor en mi muerte. Sólo una flor.

No un sueño colmado de luz ni una agregación de espíritus sostenida por una música sin límites.

Sólo una flor.

domingo

DOS DOINAS



15

NO SÉ SI ES EL SOL NACIENDO
o mi amado cabalgando
y subiendo hacia las cumbres,
pues se marchó por los montes.
El sol se queda en el cruce,
mas mi amado se va lejos.
El sol, bendito, se acuesta;
yo no veo a mi amado.

26

LARGA ES LA SENDA HASTA CLUJ,
pero es más la del deseo,
pues la de Cluj tiene fin
y la otra va creciendo.
Si el deseo se vendiera,
yo me haría mercader
y yendo a la feria grande
plantaría allí mi tienda
para vender el deseo
a todo aquel que le falte.
Amada, de nuestro amor
un árbol creció en el monte.
Árbol grande, de espaciadas
hojas, las aves lo cruzan
y vuelan de árbol en árbol
igual que de un ser al otro
el deseo va volando.

*

Del libro Doinas y baladas populares rumanas. Traducción de Rafael Alberti y María Teresa León.

viernes

POESÍA DE LA BIBLIA


Mucha gente no sabe que en la Biblia hay poesía. Escojo un poco al azar: el Salmo 1, de autor desconocido, y después algo del Cantar de los cantares, de Salomón.

*

Salmo 1

Los dos caminos

Dichoso el hombre
que no sigue el consejo del impío,
ni en el camino del errado se detiene,
ni en la reunión de los malvados toma asiento,
sino que en la ley divina se complace
y sobre ella medita, día y noche.

Es como árbol plantado en los arroyos,
que da el fruto a su tiempo
y sus hojas no se secan:
en todo lo que hace tiene éxito.

No así son los impíos,
sino como la paja que se lleva el viento.

Por eso no podrán
ni el impío sostenerse en el juicio
ni en la asamblea de los justos el errado,
pues conoce el Señor el camino del justo,
mientras va a la perdición la senda del impío.

*

Nuevo gozo de la unión

Yo soy para mi amado,
su deseo es hacia mí.
Ven, mi amado, salgamos a los campos:
pasaremos la noche en las aldeas,
iremos de mañana a los viñedos,
para ver si las vides ya germinan,
si los pámpanos abren,
si florecen los granados.
Allí te entregaré yo mis amores.
La mandrágora esparce sus perfumes;
a nuestras puertas,
toda clase de frutos exquisitos:
los nuevos y los viejos,
que he guardado, amado mío, para ti.

CUARTETO DE LOPE DE VEGA


Directo de mi memoria hoy traigo a los parroquianos de este blog, para empezar el día, el primer cuarteto de un soneto de Lope de Vega. De las demás estrofas no me acuerdo. 

Engaño es grande contemplar de suerte
toda la muerte como no venida,
pues lo que ya pasó de nuestra vida
es no pequeña parte de la muerte.

martes

HAIKU DE ANA PÉREZ CAÑAMARES


Cuando oigo decir que un haiku no puede llevar rima, siempre me acuerdo del siguiente. Si la rima surge con toda naturalidad, en un breve fulgor, y no abarata la cosa, es un error evitarla.

Dejo el poema
y salgo a ver el cielo.
No hay diferencia.

*

Del libro Entre paréntesis

domingo

POEMA DE LIU CH`ENG


No paséis a la otra orilla,
que al norte del río hay bandidos.
Muchos bandidos, pase,
pero ¿qué hacer cuando son muchos soldados?

***

En la Segunda antología de poesía china de Marcela de Juan